EL CONGREGARNOS

Al escribir este primer artículo, viene a mi mente una cantidad de creyentes que he visto como con el pasar del tiempo, han dejado de congregarse y hoy cuestionan la necesidad de hacerlo.

Desafortunadamente, desde creyentes hasta ministros han adoptado esta postura no siendo parte activa y efectiva de una iglesia local. Pensamientos como: la iglesia soy yo, la iglesia está en mi casa, soy iglesia en todo lugar, etc; han sido lamentablemente mal interpretados llevando a muchos a creer que no hace falta congregarse para ser cristiano, y aunque es verdad que la iglesia no es un lugar físico y no necesito congregarme para ser un hijo de Dios, esto no anula el deber de hacerlo.

Por un momento imagine que yo llevara este pensamiento a mi matrimonio, que no necesito estar con mi esposa para estar casado, que no necesito vivir con ella para ser esposo; y aunque esto es cierto, la realidad es que si no convivo, comparto, e intimo con ella voy a debilitar la relación y probablemente termine hasta sin matrimonio.

De una manera similar, esto es lo que ocurre cuando un creyente decide llevar una relación a distancia y divorciada de la vida orgánica de la iglesia, su amor por Dios termina enfriándose y su vida debilitándose hasta el punto de perder toda fortaleza espiritual. Como lo he dicho muchas veces, lo peor que puede hacer un cristiano es alejarse del cuerpo, porque un creyente que no se congrega es como un carbón separado de los otros carbones que se va apagando poco a poco.

Amados, uno de los propósitos principales por el cual Dios diseño Su iglesia es para servirnos, nutrirnos y edificarnos en la verdad y el amor. Efesios 4:16… “de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor”.

Pretender ser cristiano sin ser parte del resto del cuerpo, es como ser un pie que no quiere caminar ligado a este porque cree que él tiene todo lo que se requiere para caminar independientemente, y no es así; recuerde, usted no es el cuerpo de Cristo, usted es un miembro del cuerpo de Cristo y necesita de los otros miembros para su crecimiento (1 Corintios 12:12). Por eso el mandato de Dios para congregarnos es claro, Hebreos 10:24-25 “considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca”.

La pregunta es ¿Cómo puedo practicar el amor, las buenas obras, el dar y recibir de otros sino me congrego? Si desea crecer y edificarse necesita congregarse; ver y oír un mensaje por internet no es suficiente, Dios quiere que nosotros nos veamos cara a cara para que nos exhortemos los unos a los otros a continuar.

Cuando la Escritura dice: “No dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre”, la advertencia aquí es que no congregarnos como iglesia puede volverse habitual. Así que pregúntese ahora mismo ¿Estoy en el hábito de no congregarme o hacerlo ocasionalmente? Muchos tendrán que contestar sí porque es con lo que se sienten cómodos. De hecho, es tan normal que lo que estoy diciendo en este momento los confronta, no quieren que se les diga que la Biblia insiste que están fuera de la voluntad de Dios cuando no hacen parte de un cuerpo local designado para el crecimiento y la edificación mutua.

Así que quiero terminar desafiándole a que no adopte el hábito de no congregarse, y si esta en el ahora decida destruirlo este año. Haga de esta necesidad una decisión firme y urgente, dele gracias a Dios que tiene la posibilidad y el privilegio de congregarse donde hoy muchos cristianos alrededor del mundo no lo tienen.

Gracia, verdad y paz en Cristo.

Pastor Daniel Patiño.